La Historia del Arte de valencia.

Este blog está realizado para presentar desde un punto de vista informativo, sin prescindir del necesario rigor histórico, distintos aspectos de la Historia, la Cultura y la Historia del Arte Valenciano.

El territorio valenciano se sitúa en la zona del Levante de la Península Ibérica, siendo un lugar donde se han desarrollado importantes manifestaciones artísticas desde la Prehistoria. Por el territorio valenciano han pasado grandes civilizaciones. Las antiguas civilizaciones de la prehistoria, la cultura ibérica, las colonias griegas y púnicas que se instalaron en estos territorios . La colonización romana, seguida de la conquista visigoda y las colonias bizantinas que se establecieron en la mitad sur del territorio valenciano. El dominio islámico, al cual continuó la reconquista por parte de los reinos cristianos, conviviendo cristianos, musulmanes y judíos. La formación del Reino de Valencia dentro de la Corona de Aragón. Con los Reyes Católicos, el Reino de Valencia se anexionó al territorio español, donde permanece hasta la actualidad, diferenciándose por tener una historia, una cultura y una lengua propia, dentro de los distintos reinos que conforman el actual estado español.

Los artículos son presentados con gran sencillez ante los lectores con el objeto de que su lectura resulte interesante y amena, presentando una serie de enlaces y bibliografías donde se puede buscar y precisar una información más detallada de cada uno de los temas seleccionados.

Espero que lo disfrutéis.




Estudios Valencianos Histórico-Artísticos.
Contacto:
esthisartval@gmail.com

miércoles, 9 de febrero de 2011

La colección de la pinacoteca de Valencia.


LA PINTURA GÓTICA.

Posiblemente sea la colección de tablas góticas de los pintores medievales denominados «primitivos valencianos» la que más renombre ha dado al Museo de Bellas Artes de Valencia, tanto por la calidad como por el completo discurso artístico que permiten desde finales del siglo XIV y todo el XV, representados por una amplia selección de retablos de ese tiempo, ya completos o fragmentos de ellos. Técnicamente están ejecutados al temple sobre tabla, procedimiento que estará vigente hasta bien entrado el siglo XV, y por influencia de la pintura flamenca se fue sustituyendo por la técnica al óleo, que permite un colorido más denso y un manejo más dúctil.

Museo de Bellas Artes de Valencia.
Sala de pintura gótica.

El recorrido comienza por las Escenas de la vida de San Lucas, cuatro tablas procedentes del mutilado retablo del gremio de carpinteros en la Iglesia de los Santos Juanes de Valencia, atribuidas al Maestro de Villahermosa, que datan de finales del siglo XIV y constituyen las pinturas valencianas más antiguas del Museo. En estos momentos el Reino de Valencia se muestra receptor de tendencias artísticas procedentes de Cataluña a través de Lorenzo Zaragozá, siendo estas tablas un buen ejemplo de ello. Éste posiblemente es el motivo por el cual en un primer momento no hay una producción artística localmente definida, y las obras que encontramos responden a una corriente desgajada del tronco de la pintura catalana, que estilísticamente se vincula con el arte toscano y sienes, primordialmente del siglo XIII, fuertemente influenciado por el arte bizantino, que se difundió por toda Europa a lo largo del siglo XIV, recibiendo la denominación de italogótico.
San Lucas escribiendo su Evangelio.
Maestro de Villahermosa.
Table, hacia 1370.

Esta influencia artística continuará hasta 1400, momento en el que los talleres autóctonos empiezan a formular sus propios modelos, alcanzando una de las etapas más maduras de la pintura medieval valenciana, parangonable con lo más bello y refinado que se pinta en Europa en esos momentos. Dentro del siglo XV podemos distinguir dos estilos: el internacional y el flamenco. El primero, que dominará la primera mitad del siglo, está caracterizado por fusionar las diversas tendencias pictóricas en un estilo nuevo de líneas ondulantes y sinuosas, desligado de los arcaísmos anteriores y tendente a un preciosismo refinado y detallista, lo cual puede comprobarse en el italianizanteRetablo de Fray Bonifacio Ferrer o de los Sacramentos, obra de extraordinaria calidad y perfección técnica, en la que algunos historiadores creen ver la mano de Gerardo Starnina, o el Retablo de la Santa Cruz, atribuido a Miguel Alcanyís, obra maestra del momento por su intenso dinamismo y reinterpretación de los modelos del germánico Marçal de Sax. Otras piezas singulares son el Retablo de San Martín, Santa Úrsula y San Antón, de Gonçal Peris Sarrià, un pintor dotado de un elegante y refinado trazo de líneas, que lo sitúa como el más representativo del estilo internacional; la pequeña tabla bifaz de la Verónica de la Virgen y laAnunciación de Gonçal Peris con posible intervención de Pere Nicolau; y finalmente, de este último artista, el desmembrado Retablo de los Gozos de la Virgen, procedente de Sarrión (Teruel) concebido desde los supuestos del gótico internacional más refinado.
Maestro de Fray Bonifacio Ferrer.
Retablo de Fray Bonifacio Ferrer.Tabla, hacia 1396 - 1398.

Miguel Alcañiz.
Retablo de la Santa Cruz.
Tabla, hacia 1410.

Gonçal Peris Sarrià.Retablo de San Martín, Santa Úrsula y San Antón.
Tabla, hacia 1437 - 1440.

Maestro de Bonastre.Díptico de la Anunciación.
Tabla, hacia 1450.
Es en la segunda mitad del siglo XV cuando se acentúa la impronta flamenca. Frente al refinamiento cortesano plasmado en estilizaciones de hondo lirismo idealizado, un nuevo estilo ofrecerá una captación más sensible de la realidad cotidiana, aunque pervivan todavía convencionalismos como el fondo dorado gofrado. Las novedades flamencas, centradas fundamentalmente en la técnica al óleo, quizá se pudieron conocer en Valencia directamente de la mano de Jean van Eyck, que recorrió la península en 1428, o bien por ciertas obras importadas, aunque se desconoce la fecha exacta de su llegada. Este estilo encontró rápidamente seguidores locales como el anónimo Maestro de Bonastre, cuyo Díptico de la Anunciación deja ver el dominio de una técnica impecable y preciosista; o el más modesto Maestro de Altura, con una Santa Catalina a mitad camino entre lo internacional y lo flamenco.
Jaume Baço Jacomart.San Jaime y San Gil.
Tabla, hacia 1450.
Pertenecientes a un estilo fuertemente influenciado por la pintura flamenca y cuatrocentista italiana de corte protorrenacentista, encontramos dos figuras señeras. Por una parte, el pintor Jaume Baço, Jacomart, que trabaja en Valencia a partir de 1451, después de una larga estancia en Nápoles al servicio del rey Alfonso V el Magnánimo, al que se debe la tabla de San Jaime y San Gil, en la que sigue la concepción espacial e iconográfica medieval, aunque transfiriendo ahora una mayor humanización a las figuras; y por otra, su discípulo Joan Reixach, con obras como el conjunto del Transito de la Virgen y la Predela con escenas de la Pasión, en la que rehuye de los fondos áuricos para adentrarse en un paisajismo de factura muy descriptiva.
        Junto a estas pinturas hay otras ajenas a lo valenciano, como el Retablo de San Miguel, San Jerónimo y Santa Margarita de factura aragonesa, o la pequeña tabla de laVirgen de la Leche del castellano Pedro Berruguete. Enteramente flamenco es el gran Tríptico de la Pasión, salido del obrador de El Bosco y hecho bajo su directa supervisión, y la tabla bifaz de laVirgen Anunciada y Santa Isabel con San Juan Niño, de un seguidor de Hugo van Der Goes. Como obra italiana de estilo gótico cabe reseñar la Coronación de María y los santos Pedro y Pablo, del Pintor de San Pietro di San Simone.
Hieronymus Van Aken "Bosch", El Bosco.Tríptico de la Pasión.
Tabla, hacia 1515 - 1520.

En el quicio de los siglos XV y XVI, coexisten en Valencia una serie de pintores de personalidad bien definida, que podemos calificar de «protorrenacentistas», por apuntar a través de sus obras las primeras novedades renacientes en la pintura valenciana, fruto de una tímida simbiosis de elementos decorativos italianos y de un realismo flamenco en la forma de abordar el espacio y los rostros. Encabezando estos se encuentra Rodrigo de Osona con una tabla de la Piedad, de gran deuda flamenca en el sentido del paisaje o en los plegados quebrados de las telas y el expresionismo de los rostros.

Rodrigo de Osona.Piedad.
Tabla, final del siglo XV.
Su hijo, Francisco de Osona, simplifica el estilo paterno en obras como las Escenas de la vida de Jesús resucitado, en las que introduce algunos elementos decorativos renacentistas, fundamentalmente en las arquitecturas. Ese inicio encontrará en Vicente Macip la puerta hacia el renacimiento pleno, pues este pintor en su etapa juvenil aún se mueve en esos parámetros como se aprecia en San Joaquín recibiendo el anuncio del ángel, obra suya de 1507, pero tras conocer el arte de los Hernandos y de Sebastiano del Piombo no dudará en entregarse en su madurez al grandioso lenguaje del Renacimiento. Esa pasmosa evolución no la tuvieron todos los artistas valencianos por igual, pues a su lado hubo una serie de pintores "retardatarios" con una concepción quatrocentista todavía muy dentro de la tradición medieval. Ejemplo de ello es el Retablo de la Puridad, que combina las pinturas deNicolás Falcó y las esculturas de Onofre, Damián y Pablo Forment, en un retablo de reserva sacramental a la manera aragonesa; también el gran Retablo de la Epifanía, del Maestro de Perea, deudor del mundo preciosista de Reixach; y los curiosísimos retablos sobre el Juicio Final, delMaestro de Artés con una iconografía apocalíptica que en la Valencia de su tiempo alcanzó notable desarrollo.

Nicolás Falcó y Onofre, Damián y Pablo Forment.

Retablo Eucarístico del Convento de la Puridad de Valencia.

Tabla, 1500 - 1515..



LA PINTURA RENACENTISTA.




Secularmente se ha considerado a Italia como cuna del Renacimiento. En el caso español, y valenciano en particular, podemos afirmar que Valencia fue la primera receptora de las modernas corrientes pictóricas italianas. Esta primacia se debe a la llegada a esta ciudad de pinturas procedentes de allá y al desplazamiento o intercambio de artistas entre uno y otro país.
Museo de Bellas Artes de Valencia.
Sala de pintura renacentista.

Bernardino di Betto Bardi, Il Pinturicchio.

Virgen de las Fiebres.

 Tabla, hacia 1497.

Entre las pinturas importadas destaca, por su singular belleza, la tabla de la Virgen de las Fiebres, única obra conocida de Il Pinturicchio en España, traída por los Borja para su capilla en la Seo setabense.
        Pero es a través de los viajes de artistas de donde procederán la mayor parte de las enseñanzas pictóricas del Renacimiento. Así ocurre con los pintores Francesco Pagano, Ricardo Quartararo y Pablo da San Leocadiotraídos por el cardenal Rodrigo Borja para trabajar a su servicio en la Catedral de Valencia. De este San Leocadio, el Museo conserva una Virgen con el Niño y San Juanito, obra de hacia 1510 en la que se refleja una clara evocación leonardesca por la influencia en esos años de los Hernandos.


Pablo de San Leocadio.

Virgen con el Niño y san Juanito.

Tabla, hacia 1510.
Sin embargo, será el efecto inverso, es decir, el viaje de artistas españoles a tierras italianas, importando el lenguaje del Renacimiento cincuecentista, el que mayor repercusión tenga en Valencia. Así sucede con los Hernandos, Hernando de los Llanos y Hernando Yánez de la Almedina, quienes tras salir del entorno de Leonardo da Vinci en Florencia asimilando su técnica, tipos y maneras, se asientan en Valencia en 1506 introduciendo importantes novedades, que revolucionarán la pintura valenciana del quinientos. El prestigioso ejercicio de su arte se pone de manifiesto en una serie de tablas, de pequeño formato, con la Aparición de Cristo resucitado a la VirgenSan Vicente Ferrer y San Antonino de FlorenciaSan Bernardo expectante ante La Virgen con el Niño y Santa Ana, yEcce Homo, en las que resalta el estilo severo y monumental que sólo una madurez pictórica es capaz de conseguir; y en grandes composiciones como Resurrección de Cristo, que es toda una lección de reposada grandeza, concebida con un colorido intenso y estudio de las líneas ortogonales de distribución matemática.

Fernando Yáñez de la Almedina.

Aparición de Cristo resucitado a la Virgen.

Tabla, hacia 1515.
Su maestría encontró eco en toda una serie de artistas locales seguidores de sus planteamientos estilísticos, que serán puestos de manifiesto en las obras de Miguel Estevecomo San Miguel, de evidente rostro leonardesco, o la Sagrada Familia, cuya delicada escena transcurre en un depurado marco arquitectónico; Miguel del Prado en un grandioso Retablo de San Vicente Ferrer, cuyo colorido y formas son plenamente hernandianas; el Maestro de Alcira, con figuras macizas ejemplificadas en San Miguel; o Felipe Pablo de San Leocadio con San Roque y San Sebastián, que distorsiona sus cuerpos desde los supuestos del primer manierismo.
Miguel Esteve.Sagrada Familia.
Tabla, hacia 1515 - 1520.
En la evolución de la pintura renacentista valenciana, al adoctrinamiento leonardesco, se suma ahora lo rafaelesco a través de los Macip, quienes desarrollaron un arte personal y popular, amparándose en temas de la devoción valenciana del quinientos. La personalidad más importante la ejerce el padre de la dinastía, el ya mencionado Vicente Macip, quien en su madurez alcanzó un arte de corte romano, clásico y monumental, imitando a Sebastiano del Piombo. Suyo es San Sebastián, de gran sustrato yañezco, y una Última Cena, llena de movimiento y tensión de inspiración leonardesca. Le sucedió su hijo Juan Vicente Macip, más conocido como Joan de Joanes, que si bien gozó de mayor predicamento que su padre, su arte no puede parangonarse con la originalidad de aquel, pues se limitó a divulgar el estilo paterno dulcificándolo e incorporándole sentimentales elementos devocionales, como se aprecia en la Asunción de Nuestra Señora y en lasBodas místicas del Venerable Agnesio, ejemplo del arte renacentista plenamente asimilado en una sacra conversación repleta de ensoñación y delicadeza resuelta por una triple triangulación en la que se incluye el retrato del Venerable donante. O también su Salvador Eucarístico o Ecce Homo, prototipos iconográficos basados en la idealización de la divinidad de Jesucristo. Sus modelos a su vez pasarían a su hijo Vicente Joanes, continuador de las formas familiares, manifestadas en una pequeña Santa Cena.

Juan de Juanes.Bodas místicas del Venerable Agnesio.
Tabla, hacia 1553 - 1558.
Próximos a la tradición juanesca son el fraile jerónimo Nicolás Borrás, con obras tan celebradas como la Sagrada Familia con Santa Ana, donde evidencia la admiración que siente por la monumentalidad de las figuras de Vicente MacipMiguel Juan Porta, con un Éxtasis de San FranciscoVicente Requena, el Joven, con la Virgen, Santa Ana y el Niño o los monumentalesSan Pablo y San Jaime. Los últimos años del siglo XVI en Valencia los protagonizó Juan Sariñena, formado en Italia en torno a 1570 - 1575, desarrollando una mayor disposición hacia la pintura naturalista, según se aprecia en su San Juan Bautista con sugestivos juegos de luz y sombra, el pormenor realista, la paleta cálida y una severidad compositiva que lo convierten en la personalidad más significativa de la transición hacia el Barroco.
        También el Museo contiene obra de figuras capitales en la pintura española del siglo XVI como El Greco, cuyo estilo un tanto intemporal y absolutamente personal se pone de manifiesto en un San Juan Bautista, o como el extremeño Luis de Morales con su Calvario con donante, de gran intensidad devota. Del flamenco Roland de Mois, que trabajó en España por el mismo tiempo, se conserva un hermoso Retrato de Fernando de Aragón y Borja, V Duque de Villahermosa y de Luna.
Vicente Macip.San Sebastián.
Tabla, hacia 1540 - 1545.
Domenico Theotocopuli, El Greco.
San Juan Bautista.Lienzo, hacia 1600 - 1605.
Juan Sariñena.San Juan Bautista.Tabla, 1603.


LA PINTURA BARROCA.

El siglo XVII es por excelencia el Siglo de Oro de la pintura española, y en él florecieron la mayor parte de las escuelas artísticas nacionales, siendo la valenciana una de las más fecundas. Su clientela eclesiástica y conventual promoverá aparatosos lienzos de altar, en los que triunfa de manera portentosa la gloria de los santos, representados con óptica naturalista y conmovedores efectos de luz.
Museo de Bellas Artes de Valencia.
Sala Francisco Ribalta.
El predominio del tenebrismo naturalista de influencia italiana había empezado tímidamente en El Escorial, y llega a Valencia de la mano deFrancisco Ribalta, quien iniciará una escuela particularmente definida tras su establecimiento en esta capital en 1599. Su producción pictórica es toda una lección del ambiente escurialense con evocaciones de Cambiaso, Zuccaro, Tibaldi, pero en Valencia evoluciona hacia un arte de profundo sentimiento religioso motivado por la contemplación de los cuadros de Sebastiano del Piombo que tenía la familia Vich, como se observa en el Encuentro del Nazareno con su madre. Uno de sus mejores logros naturalistas es San Francisco abrazado al crucificado, en el que una luz dirigida contribuye al arrobo místico y fervorosa entrega del franciscano; y el prodigioso Retablo de la Cartuja de Portacoeli, realizado entre 1625-28, del que llama la atención la monumental apostura de los modelos naturalistas, destacando el San Bruno por su intensidad expresiva.
Francisco Ribalta.
San Francisco abrazado al crucificadoLienzo, hacia 1620.
No menos importante es la pintura de su hijo, Juan Ribalta, con obras de gran impacto como la Santa Cena deudora de la ejecutada por su padre para el Colegio de Corpus Christi; o el majestuoso lienzo de los Preparativos para la crucifixión, firmado con dieciocho años de edad y pintado para el Monasterio de San Miguel de los Reyes, en el que manifiesta sus dotes naturalistas junto a unos violentos escorzos y claroscuros, que unidos a los cambios de escala acentúan la profundidad del espacio.
Juan Ribalta.Preparativos para la crucifixión.
Lienzo, 1615.
De los restantes pintores ribaltescos, hay que mencionar a: Vicente Castelló, yerno de Francisco Ribalta, al que se le atribuye una bellísimaCoronación de la Virgen por la TrinidadAbdón Castañeda, menos refinado en sus pinceles, como se advierte en la Virgen con ángeles músicos. Muy curiosa es la personalidad de Gregorio Bausá, con un grandioso Apostolado con ciertos influjos deOrrente.
        Tras los Ribalta, es Jerónimo Jacinto de Espinosa el pintor seiscentista mas importante en Valencia. Contemporáneo de los grandes pintores del barroco español (Zurbarán y Velázquez), su pintura es ejemplo vivo de un naturalismo áspero y crudo dotado de un profundo sentimiento religioso, como puede apreciarse en el Jesús niño de laMisa de San Pedro Pascual, y de una gran captación psicológica de las expresiones, como acontece en San Pedro Nolasco intercediendo por sus frailes enfermos, o al retratar al fraile dominico Fray Jerónimo Mos. También su fidelidad a la corriente contrarreformista se deja ver en lienzos como Ángeles dorando la Eucaristía, composición de gran predicamento iconográfico, oLa Magdalena, donde una violenta luz tenebrista de gran impacto subraya la fuerza expresiva de su bella figura.
Jerónimo Jacinto de Espinosa.

Retrato del dominico fray Jerónimo Mos.


Lienzo, 1628.

Otro valenciano universal de la pintura barroca es el setabense José Ribera, quien desarrolló casi toda su producción artística en Nápoles. El Museo cuenta con un espléndido cuadro del Martirio de San Sebastián atendido por Santa Irene y una esclava, en el que desploma diagonalmente el apolíneo cuerpo del santo con un gran dominio del dibujo bajo un efecto de luz contrastada. Los filósofos Pitágoras y Heráclito son a su vez dos brillantes ejemplos de su personalísima interpretación del naturalismo a partir de una técnica empastada y vibrante ya en su fase de madurez.

        Contemporáneos de Ribera en Valencia son los March. Tanto Esteban, el padre, cuya personalidad agitada traslada a sus dinámicos cuadros de batallas bíblicas, sobresaliendoJosué parando el sol, como su hijo Miguel, quien en San Roque socorriendo a los apestados concibe una composición dinámica y abierta a partir del entrecruzamiento de líneas diagonales.

José de Ribera.Pitágoras.Lienzo, hacia 1630.
Dentro de ese gusto por recrear con todo verismo los objetos, triunfan los cuadros de naturalezas muertas, bodegones, que en algunos casos, adoptan una significación simbólica, como acontece en las Alegorías de los sentidos, deMiguel March, cuatro lienzos pertenecientes, seguramente, a una serie más amplia. El más significativo de los bodegonistas valencianos seráThomas Yepes, con obras como Cazador dormido y Cazador bebiendo, y un excelenteBodegón con cerámica, típico de su modo de hacer basado en una cerámica decorada repleta de frutos en disposición simétrica bajo un efecto detrompe l´oeil.
Thomas Yepes.Bodegón con cerámica.Lienzo, siglo XVII.
Por otra parte el Museo también cuenta con una selecta colección de pintura barroca española con nombres tan relevantes como: el murciano Pedro Orrente, que también trabajó en Valencia, con un estremecedorMartirio de Santiago el Menor, en el que el juego de luz y contraluz adquiere un protagonismo especial; el popularBartolomé Esteban Murillo, está representado con un dulcificado San Agustín lavando los pies a Cristo, realizado para el convento de San Leandro en Sevilla, en el que encarna un tipo de devoción que se complace en lo agradable; el también andaluz Juan Valdés Leal, con un San Antonio de Padua y el Niño Jesús, en el que desdeña la belleza del conjunto y se interesa más por la expresión del santo; Alonso Cano, con el gran lienzo de San Vicente Ferrer predicando, donde triunfa el colorido claro y la pincelada suelta. De Juan de Pareja es un Retrato del arquitecto José Ratés Dalmau; del teórico pintor y fresquista Antonio Palomino, asentado en Valencia desde 1699, es La Iglesia militante y la Iglesia triunfante, una compleja composición alegórica que luego traducirá al fresco en la Iglesia de San Esteban de Salamanca. También la escuela madrileña está representada por el pintor de la corte de Felipe IV Francisco Fernández en un excelente cuadro de Saul atentando contra David, donde muestra una agitada composición deudora de Carducho y Jusepe Leonardo; y Antonio de Pereda, con una monumental Crucifixión. El soberbio Autorretrato de Diego Velázquez, obra señera del Museo, constituye en este grupo la pieza más sobresaliente.
Pedro Orrente.Martirio de Santiago el Menor.
Lienzo, 1639.
Bartolomé Esteban Murillo.
San Agustín lavando los pies a Cristo.
Lienzo, hacia 1650 - 1655.
Alonso Cano.San Vicente Ferrer predicando.

Lienzo, 1644.

Diego Velázquez.Autorretrato.Lienzo, hacia 1650.
Valerio Castello.Rapto de las SabinasLienzo, hacia 1650.
De las escuelas internacionales del Barroco hay que mencionar la italiana, con figuras tan principales como: Luca Giordano, con el Martirio de San Bartolomé, en el que asimila la influencia de la pintura de José de Ribera; las pinturas mitológico decorativas de Valerio Castello, como el Rapto de las Sabinas en la que tanto el color como la técnica están al servicio del dinamismo conferido a la escena representada; el un tanto ecléctico Domenico Fiasella, con un decorativista Festín de Baltasar exponente del barroco genovés; Antonio Lazzarini, con un bello David vencedor; yRutilio Manetti con el cuadro Loth y sus hijas, tratado como una escena de taberna a la manera caravagesca con efectos de luz.
Daniel Seghers.
Guirnalda de flores con la Asunción de la Virgen.
Lienzo, siglo XVII.
Finalmente los cuadros flamencos de Daniel Seghers con dos características composiciones deGuirnalda de flores con la Asunción de la Virgen y Guirnalda de flores con el Noli me Tangere, que ejemplifican la estética y gusto ornamental del barroco; el holandés Matthias Stomer, cuyo San Sebastián atendido por Santa Irene y una esclava es un buen ejemplo del modo de hacer de los artistas denominados caravagistas nórdicos.
        Otras piezas singulares son los curiososBodegón de crustáceos y Bodegón de ostras, deOnofrio Loth, cargados de virtuosismo técnico y exuberancia colorista; o los cuadritos flamencos de pequeño formato como Paisaje, de Jan Frans Bloemen, con impresionantes efectos lumínicos; Jan Pieters, y sus barcos en Naufragio; el círculo de Jan Josephs van Goyen, con una brumosa Marina con torre y barcas, en la que se conjugan las arquitecturas con grupos de personajes; y el Retrato ecuestre de D. Francisco de Moncada, Marqués de Aytona, atribuido a Anthon Van Dyck, claro ejemplo de cuadro de aparato, refinado y selecto, en el que consigue efectos de una extraordinaria distinción, colorido y brillantez, que lo sitúan muy próximo al que conserva el Museo del Louvre.
Onofrio Loth.Bodegón de crustáceosLienzo, siglo XVII.



LA PINTURA ACADEMISTA.

Tradicionalmente se ha venido considerando al siglo XVIII español como un periodo pobre en lo que a las artes se refiere, ya sea por las oleadas de artistas extranjeros de alto nivel que vienen a trabajar al servicio de la nueva dinastía, los Borbones, o por la fuerte personalidad de Francisco de Goya, que llena el último cuarto de siglo e inaugura el siguiente. Ambas circunstancias han restado protagonismo a un periodo importantísimo para la formación de los artistas plásticos, por acontecer en él la creación de las Academias de Bellas Artes, que serán las encargadas de marcar las nuevas directrices en la enseñanza artística, basadas en el orden, la razón y el buen gusto.
Museo de Bellas Artes de Valencia. Sala Francisco de Goya.
En el caso valenciano el nuevo siglo no supuso una ruptura con la tradición anterior, sino una continuación de esta; pero será la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, creada en 1768, la que determine el cambio de gusto en las artes locales, tendentes ahora a un clasicismo de raiz barroca. Las personalidades más señaladas del ambiente académico como José Vergara, Manuel Monfort, José Camarón, Vicente Marzo, Vicente López o Mariano Salvador Maella serán quienes, junto a otros artistas, se encarguen de formar a los pintores, arquitectos, escultores y grabadores, de los que el Museo conserva una excelente colección, fruto de su actividad en la Academia como alumnos, pensionados o profesores.
        Por otra parte, la recuperación económica favorecerá la presencia cada vez mayor de una burguesía de industriales y comerciantes, que quieren evidenciarse socialmente. Este hecho, junto al declive monopolístico de la Iglesia como único cliente, serán dos factores determinantes del cambio de gusto y, por tanto, de los géneros llevados a la pintura, como: el retrato burgués, el bodegón, los paisajes, los temas clásicos, generalmente de carácter histórico o mitológico, y los asuntos de carácter popular.

José Vergara.Sagrada Familia.
Lienzo, hacia 1760 - 1780.
En primer lugar hay que reseñar la figura de José Vergara, padre y fundador de la Academia valenciana, cuya pintura refleja el gusto por las composiciones elegantes y amaneradas del mundo rococó, como el Retrato de Carlos IV, o la dulzura y sensibilidad con que aborda los temas religiosos enEl Niño Jesús entre los Santos Juanes niños o la Sagrada Familia, en los que consigue transmitir un sentimiento más devoto. Otros pintores de este momento serán: José Camarón, dotado de una gran versatilidad para la pintura y el dibujo, desarrolla un arte caracterizado por el buen gusto neoclásico y un cierto recuerdo rococó en el colorido y la composición, como lo demuestra en su Arcángel San Gabriel; el que más tarde llegó a ser Director de la Academia de Bellas Artes de San Carlos en México, Rafael Ximeno y Planes, con un interesante San Sebastián, copia de la obra perdida de Ticiano, interpretado bajo la serenidad neoclásica; el fiel admirador de Mengs, Mariano Salvador Maella, que trabajó para el rey, con obras como Inmaculada, en la que rinde homenaje a Murillo; y Agustín Esteve Marqués, con un Manuel Godoy, fundador del Instituto Pestalozzi, en el que la influencia de Goya es más que evidente.
José Camarón Bononat.Arcángel Gabriel.
Lienzo, finales del siglo XVIII.
Mariano Salvador Maella.Inmaculada Concepción.
Lienzo, siglo XVIII.
La pintura de género está representada en el Museo por los artistas formados en la Sala de Flores y Ornatos creada en la Academia valenciana en 1778, para satisfacer la demanda de pinturas de flores y elementos decorativos, que serán llevados a los tejidos polícromos de la floreciente industria sedera. Su primer profesor y director, Benito Espinós, desarrolló un arte centrado en el estudio del natural, base de la enseñanza académica, obteniendo resultados tan brillantes comoFlorero, que dará pie a composiciones basadas en el acopio de múltiples pimpollos de armónico colorido y forma, o Guirnalda de flores con un cazador, donde la flora enmarca un motivo central. Su buen hacer en este género dejó una estela de seguidores que repetirán sus modelos hasta la saciedad. Serán los jarrones, cestos u otros recipientes repletos de flores de diferentes variedades botánicas, tamaños y gamas cromáticas los que mayor predicamento encuentren entreMiguel Parra con un Cesto de flores; el Jarrón en forma de cornucopia con guirnaldas de José Roma; o José Navarro y su Canastilla de flores entre otros. Pertenecientes a la segunda variedad compositiva se encuentran las obras de Miguel Parra, donde repite el esquema de la ristra floral con una escena central en Guirnalda de flores con una pintura en grisalla y amorcillos pintando;Jerónimo Navases, con un Medallón con guirnalda; o José Antonio Zapata, que introducirá la figura de unos niños junto a las flores, como se aprecia en Jarrón con flores y niños jugando en el agua; esquema retomado por Joaquín Bernardo Rubert en su Gran florero con niños. Finalmente dejaremos el tema de las naturalezas muertas de la mano de José Felipe Parra, quien en sus múltiples Bodegones de caza hace alarde de una sabia observación del natural reflejando en sus lienzos hasta el más mínimo detalle, aunque también conjuga ese gusto por la pintura de género con la incorporación de figuras que animan la composición como acontece en La niña del velador.
Benito Espinós.Florero.
Lienzo, 1783.
A finales de siglo, y como nexo de unión con el siguiente, la pintura academicista se circunscribe en torno a dos figuras: el valenciano Vicente López y el aragonés Francisco de Goya, dos genios que crearán en un mismo periodo de tiempo dos formas distintas de concebir la pintura.
        Vicente López, fiel seguidor de la doctrina académica, desarrollará una pintura basada en el buen gusto, el preciosismo y la primacía del dibujo por encima de todo. Su producción se centra fundamentalmente en dos géneros: la pintura religiosa y el retrato. De la primera cabe destacar las composiciones marianas de la Virgen de la Misericordia y la Virgen de la Merced redentora de cautivos, cuyos personajes son retratos de la familia del pintor, o los pequeños cuadritos devocionales como El Corazón de Jesús adorado por ángeles oEl Buen Pastor, en los que recurre a la iconografía tradicional. Pero donde realmente hace alarde de su calidad pictórica es en los retratos, en los que no sólo refleja fielmente la psicología del personaje, sino que lo arropa en su ambiente, como acontece con el Retrato del grabador Manuel Monfort Asensi, el Retrato del grabador Tomas López Enguidanos, y el Retrato de Vicente Blasco y García, Rector de la Universidad de Valencia , o el gran Retrato del General Ramón María de Narváez, Duque de Valencia, de tamaño natural y cuerpo entero, en el que destaca el preciosismo con que cuida los detalles. Su particular forma de pintar dejó una escuela fecunda en la obra de sus hijos Bernardo López Piquer, autor del Retrato de Isabel II o de San Pascual Bailón adorando la Eucaristía; o en las cuidadas obras de su otro vástago Luis López Piquer, quien en los retratos de Don Francisco Ignacio Montserrat y Doña Dolores Caldes de Montserrat, refleja con toda exactitud la calidad de las texturas.
Vicente López.
Virgen de la Merced redentora de cautivos.
Lienzo, hacia 1798 - 1803.
Vicente López.
Retrato del grabador Manuel Monfort y Asensi.
Lienzo, 1794.
La otra figura señera de la pintura española y universal es Francisco de Goya, que estuvo estrechamente vinculado a Valencia por su relación con la Academia de San Carlos. El Museo cuenta con una buena representación centrada en los retratos de personajes cercanos al genial pintor, en los que no se limita a reproducir su fisonomía, sino que consigue, a través de ellos, reflejar la sociedad de su tiempo, a la vez que pone en evidencia su comunión de ideas y sensibilidad. Ello se traduce en obras de una singular belleza como el cautivador Retrato de Doña Joaquina Candado o el fabuloso Retrato de Francisco Bayeu, dos obras que podemos calificar de doctrina pictórica goyesca por anunciar, a través de sus golpes de color, los comienzos de la pintura moderna; no menos significativos son el Retrato del grabador Rafael Esteve Vilella y el Retrato de Mariano Ferrer, Secretario de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, en los que se muestra más fiel a los principios académicos. También de esta figura culminante del arte español hay dos pequeños cuadritos con Juegos de niños, en los que Goya consigue transmitir toda la gracia del juego infantil del paso y el balancín.
Francisco de Goya.Retrato de Doña Joaquina Candado.
Lienzo, hacia 1802.
Francisco de Goya.Retrato de Francisco Bayeu.
Lienzo, 1786.
Francisco de Goya.Juego de niños. El paso.
Lienzo, hacia 1780.

Del panorama internacional destacar al decorador fresquista de formación napolitana Corrado Giaquinto, artista de gran estima y prestigio en la corte de Fernando VI, del que hay dos bocetos uno con la Adoración de los Pastores y otro con la Adoración de los Magos, en los que se traduce su sensibilidad rococó, al tiempo que influye en las nuevas generaciones.


LA PINTURA DE LOS SIGLOS XIX Y XX.

El siglo XIX será para el arte valenciano un periodo de fecunda producción por estar repleto de personalidades de primera magnitud que encontrarán eco en el panorama plástico del momento, calificado como "el nuevo siglo de oro de la pintura valenciana".
Museo de Bellas Artes de Valencia. Sala Ignacio Pinazo.
Ese conjunto de artistas, con su peculiar forma de pintar, constituirán una escuela coherente y bien definida, que contribuye decisivamente a la renovación de las artes pictóricas españolas decimonónicas. Su principal aportación estriba en la captación instantánea y lumínica de las cosas, desarrollando para ello una peculiar técnica de pequeñas pinceladas individualizadas y manchas de color, unidas a una ejecución rápida, que en algunos casos parece tener como resultado un aspecto abocetado o inconcluso. Esta apariencia visual ha motivado que popularmente se les conozca como "escuela impresionista valenciana", expresión quizá incorrecta, por ser en realidad ajena a los planteamiento filosófico de la pintura impresionista. Su principal preocupación es captar efectos lumínicos, de ahí que resulte más correcto llamarlos pintores luministas, plenairistas o instantistas.
        Una dominante en todos ellos es que cuentan con una trayectoria profesional común. Se forman en la conservadora Academia de San Carlos, en Valencia, para posteriormente disfrutar de una pensión de la Diputación en Roma o París, en donde no sólo amplían estudios, sino que contactan con las corrientes artísticas europeas del momento, provocando en ellos un cambio sustancial en su manera de hacer. Finalmente coincidirán en los certámenes de las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes, obteniendo los primeros premios que los catapultan a la fama y al reconocimiento por parte de la sociedad madrileña, pero sin desvincularse de su tierra natal.
        Por lo que respecta a la técnica y la temática ocurre exactamente lo mismo. Casi todos utilizarán el gran lienzo para concurrir a los concursos, pero es en los pequeños formatos donde consiguen los mejores logros de inmediatez luminosa a partir de una arrebatadora factura de manchas de color. Por otra parte, la temática de estas pinturas se diversifica muchísimo, pero en líneas generales responde al deseo de satisfacer la demanda de una clientela burguesa ajena a cualquier experimento o audacia compositiva. Entre los temas más cultivados destacan: la pintura de historia, obligatoria en los concursos nacionales; el elegante y refinado retrato; el paisaje como protagonista absoluto; la pintura de costumbres, que convertirá lo cotidiano y popular en motivo artístico; y finalmente la pintura religiosa, que desde su claro declive encuentra ahora un nuevo enfoque costumbrista combinado con el sentimiento religioso.
        Los fondos de estos artistas que posee el Museo de Bellas Artes de Valencia corresponden, precisamente, a los trabajos de clase, siendo estos los menos espontáneos por estar sujetos a las condicionantes normas académicas; las pinturas como pensionados, en los que, si bien aun se aprecia el lastre de su formación, ya se apuntan las influencias que ejercen las corrientes europeas sobre ellos; y finalmente, las obras de su etapa madura, pudiéndose de este modo seguir la trayectoria pictórica de los artistas valencianos en el tránsito de los siglos XIX y XX.
        Esta escuela se asienta en la obra de cuatro artistas señeros: Francisco Domingo Marqués, Ignacio Pinazo Camarlench, José Benlliure Gil y Joaquín Sorolla Bastida.

Francisco Domingo Marqués.Un lance del siglo XVII.
Lienzo, mediados del siglo XIX.
Francisco Domingo Marqués es el iniciador de las audacias técnicas en la pintura decimonónica valenciana. De los cuadros que posee el Museo destacan aquellos de temática histórica como El Beato Juan de Ribera en la expulsión de los moriscos o los meramente anecdóticos como Lance en el siglo XVII, escena de mosqueteros que junto con las de tabernas y andaluzas de esquemas fáciles le granjearon el éxito. En los retratos reduce la paleta cromática y consigue unos matices de clara filiación goyesca visibles en el Retrato de Manuel Ruiz Zorrilla y en el Retrato de Carmen Cervera. Posiblemente sea su pintura religiosa la que mayor gloria le ha dado con obras de primer orden como Santa Clara y San Mariano, en las que se aprecia la necesidad que tiene el artista de beber de las fuentes barrocas de Ribera y Velázquez para transmitir la piedad en el siglo XIX.
Francisco Domingo Marqués.Santa Clara.
Lienzo, 1869.
Ignacio Pinazo Camarlench es posiblemente el más atrevido de todos, pues a través de sabias y oportunas manchas de color supo transferir a sus obras un aire inacabado, basado en la sugerencia, como se ve en el retrato de su hijo vestido de Monaguillo tocando la zambomba. Pero en realidad ese espíritu de libre pincelada lo que pretende es reflejar una constante en la pintura valenciana decimonónica como es la luz, así realizará cuadros como Interior de alquería valenciana, de la que llama poderosamente la atención el efecto lumínico del sol filtrándose por el jardín de la casa e inundando toda la estancia. Por otra parte destacan sus retratos en los que gusta ensuciar el color, empastar las formas y dejar como inconclusas sus obras, si bien es capaz, mejor que nadie, de reflejar la psicología del personaje, como acontece con el Retrato del Conde Guaki; pero no siempre tendrá ese resultado como se aprecia en el refinado Retrato de Teresa Martínez, esposa del pintor, o en su Autorretrato. Por otra parte, y muy significativos en su producción, son las pinturas de niños, como El guardavía, en el que refleja a un niño metido en el papel de jefe de estación ferroviaria. De las obras que el Museo expone actualmente llama la atención sus cuadritos de pequeño formato, pues es en ellos donde el artista deja sus mejores lecciones de pintura, como en Clase de dibujo, en el que consigue encuadrar una gran escena en un parco espacio pictórico;Figura femenina sentada, en la que rehusa el bocetismo para recrearse más en el detalle; o en cuadritos de género, como Rosa, en el que una simple flor es capaz de conmover por su suelto tratamiento pictórico, colorido y efectos lumínicos sobre los pétalos.
Ignacio Pinazo Camarlench.Monaguillo tocando la zambomba.
Lienzo, hacia 1893 - 1895.
Ignacio Pinazo Camarlench.
Retrato del Conde Guaki.
Lienzo, 1903.
Otra de las figuras destacadas es José Benlliure Gil, que cultivará con verdadero acierto la pintura costumbrista, que queda hoy como testimonio de la Valencia de ayer. En sus lienzos aparecen personajes populares como El Tío Andreu de Rocafort, un labriego a la usanza valenciana fumando, o El Tío José de Villar del Arzobispo, este con su bota y jarra de vino.
José Benlliure Gil.El Tío José de Villar del Arzobispo.
Lienzo, 1919.
Una combinación que le dio muy buenos resultados fue la miscelánea de lo costumbrista y lo religioso, en obras tan celebradas comoOyendo misa (Rocafort), en el que reproduce el interior de una típica iglesia valenciana con sus feligreses participando de la Eucaristía, o Misa en la Ermita, donde retrata diversos tipos humanos en el interior de una ermita. Tampoco se mantuvo ajeno a los temas de monaguillos, un trasunto muy solicitado en la época, y que aquí se traduce en las picardías de dos jovencitosMonaguillos que juguetean con un incensario. También el retrato de personajes eclesiásticos, como Cardenal romano o Sacerdote revestido, a los que dota de un severo recogimiento. Otra faceta de Benlliure es aquella en la que recoge a personajes y lugares de su entorno familiar, es el caso de Retrato de María o Mi jardín, en los que transmite una pintura de gran frescura y colorido. Finalmente hay que mencionar su pintura religiosa de clara evocación fantástica y simbolista, reflejada en obras como La barca de Caronte, que responde a un misticismo que ronda lo fantasmagórico.
José Benlliure Gil.Oyendo misa (Rocafort)
Lienzo, siglo XIX.
Finalmente, y para terminar con estos cuatro ases de la pintura decimonónica valenciana, hay que mencionar a Joaquín Sorolla, el pintor más conocido internacionalmente por los efectos luminosos que aparecen en sus pinturas. De su etapa de formación se encuentran Academia del natural,Tres cabezas de estudio, y El niño de la bola, en los que ya apunta el que será su estilo personal y bien definido de pincelada individualizada. Dentro de su quehacer destacan los retratos que efectuó a diversas personalidades de la sociedad valenciana, demostrando en ellos sus excelentes dotes demostradas en el Retrato de D. Amalio Gimeno o el Retrato de José Luis Mariano Benlliure López de Arana, a los que transmite un aire novedoso y desenfadado.
Joaquín Sorolla.Retrato de D. Amalio Gimeno.
Lienzo, 1919.
La temática más usual en Sorolla son las escenas marineras y costumbristas, de las que el Museo cuenta con escasa representación, al margen de dos pequeñas marinas del Puerto de Valencia y Playa de Valencia. Pescadoras, en las juega con unas sugestivas luces y sombras que contribuyen a hacer honor a la fama del pintor; respecto al otro tema, el de escenas costumbristas, destaca la obra en la que nos muestra a sus dos hijas configurando una Grupa valenciana, en la que consigue mayores audacias en el tratamiento del color. Por otra parte también hay obras de temática menos conocida, como la producción religiosa en La Virgen María, o las escenas bucólicas como La bacante, con la que se suma a los gustos orientalistas.
Joaquín Sorolla.Puerto de Valencia.
Lienzo, hacia 1882.
Joaquín Sorolla.Grupa valenciana.
Lienzo, 1906.
Mención especial requiere el pintor Antonio Muñoz Degrain, del que el Museo conserva una nutrida muestra de su obra donada por él mismo. Injustamente valorado hasta fechas recientes por la crítica, su pintura responde a un temperamento e inquietud, que se refleja en las ambiciones plásticas y expresivas, fruto de una visión personal surgida de sus constantes viajes y su sentido romántico de la vida. Esa óptica visual le permitirá interpretar los temas históricos y literarios como una gran escena teatral, los paisajes como una naturaleza desbocada e infinita, y los sucesos reales como una fantasía irreal. Dentro de su producción hay que destacar un pequeño cuadrito de juventud, de corte académico, con el tema costumbrista de una Lavandera. Alrededores de Valencia, en el que con una visión en picado consigue una amplitud de campo que preconiza su futuro arte. Posteriormente se iniciará en la pintura de historia, que tanta fama le otorgó en las exposiciones de bellas artes, y que está representada por bocetos de pequeño formato como Otelo y Desdémona; para, posteriormente, dedicarse a sus temas favoritos: la pintura paisajística de amplio espectro como Desfiladero de los Gaitanes; la de temática oriental, fruto de sus constantes viajes a Extremo Oriente, en La gruta de los profetas; los paisajes calmados, llenos de melancolía, romanticismo y simbolismo reflejados en Estanque, hojas caídas y cisnes, o aquellos otros en los que prima el drama, como en Amor de madre; y la religiosa de Jesús en el lago Tiberiades, que es más una excusa para su visión paisajística y lumínica de la pintura, que para transmitir un sentimiento espiritual. Fue un artista que abordó un gran abanico de temas en los que prima sobre todas las cosas su visión personal.

Antonio Muñoz Degraín. Amor de madre.
Pero el panorama valenciano del siglo XIX va más allá de estos pintores, y se adentrará en el siglo XX sin grandes cambios, amparándose, la mayoría de las veces, en el prestigio y estela de los maestros anteriormente citados, manteniéndose ausentes de las transformaciones acaecidas en la pintura contemporánea española. En esta línea están representados Salvador Martínez Cubells con un cuadro de historia titulado La vuelta del torneo, o el gran lienzo de Enrique Martínez Cubells, que lleva por lema Trabajo descanso, familia; además de Joaquín Agrasot, cuyo atrevimiento le indujo a pintar un boceto de Desnudo de mujer, que le serviría para su Baco joven, en una época en la que predominaban las academias masculinas; o Emilio Sala Francés, que si bien en obras como el introspectivo Retrato de Doña Ana Colin y Perinatpone en evidencia su admiración por lo velazqueño, será en su Florista o en el Retrato de jovendonde haga alarde del dominio del color y la factura rápida característica de la escuela valenciana, aunque bien atento a la norma.
Salvador Martínez Cubells. La vuelta del torneo.
Lienzo, 1881.
También la luminosa pintura de Cecilio Plá testimoniada en el contraluz de La Mosca, o el juego de luz y sombra enRetrato de la esposa del pintor; oJuan Belda con un cuadro de pensionado, Pastor jovenJosé Pinazo introducirá el casticismo valenciano de gran verismo y colorido demostrado en su conocidísimoFloreal, donde hace gala del tipismo llevado hasta el más mínimo detalle. Por otra parte, la cotidianeidad de las Labores del campo o del Mercado de Valencia es recogida en la pintura luminista de Ricardo Verde; y la visión fotográfica y costumbrista de los pueblos valencianos la representa La gloria del pueblo, deAntonio Fillol, en la que recoge no sólo un acontecimiento verídico, el recibimiento de un afamado hijo del pueblo por las autoridades, sino los diferentes tipos humanos que lo forman. FinalmenteGonzalo Salvá con unos paisajes repletos de color, luminosidad y factura rápida, siendo un buen ejemplo Paisaje Sierra NegreteFrancisco Pons Arnau con obras llenas de entonación cromática y juegos contrastados de luz y sombras en Comiendo fruta; o Manuel Benedito Vives, cuya Chulaes un claro exponente del tipismo popular costumbrista.
Cecilio Plá. La Mosca.
Lienzo, hacia 1897.
José Pinazo Martínez. Floreal.Lienzo, 1915.
Gonzalo Salvá.Paisaje Sierra Negrete.Lienzo, 1909.
Dentro de esta misma tesitura se encuentra el paisajismo de Aureliano de Beruete en Santo Espíritu Segovia, en el que rehuye de lo pintoresco a partir de un profundo estudio de la luz; José María López Mezquita con una realista Vista del Albaicín; y el padre de la escuela del paisajismo español Carlos de Haes, quien en un gran conjunto de pequeñas Marinas deja testimonio pictórico en su forma de abordar el paisaje.
Aureliano de Beruete.Santo Espíritu Segovia.Lienzo, 1908.
Carlos de Haes.Rompientes.Lienzo, hacia 1860 - 1880.
Finalmente, también hay una amplia colección de pintores valencianos del siglo XX, con nombres como: Salvador Abril, Rafael Monleón, Juan Peyró, Antonio Cortina, Ramón Stolz, Salvador Tuset, Teodoro Andreu, Carlos Giner, Pedro de Valencia, Ernesto Furió, José Segrelles, Francisco Lozano, Juan Bautista Porcar, Antonio Alegre Cremades, Eusebio Sempere, Genaro Lahuerta, Renau, Francisco Sebastián, Juan de Ribera Berenguer, Juan Genovés, Anzo (José Iranzo Almonacid), Luis Arcas, Manuel Boix, Andrés José Cillero, Equipo Crónica, Equipo Realidad, Horacio Ferrer, Rafael Armengol, José Guinovart, Manuel Hernández Mompó, José María Yturralde, Sixto Marco, Antoni Miró, Joaquín Michavila, Luis Prades, y tantos otros que ponen el punto y seguido al paseo artístico que el recorrido del Museo ofrece, en el que pasado y presente se aúnan en un sentimiento único como es el deleite de la contemplación estética del arte.


Textos copiados de las páginas del Museo de Bellas Artes de Valencia.

LA SALA SOROLLA.


Recientemente se ha estrenado en el Museo de Bellas Artes de Valencia una sala que  se encuentra dedicada al pintor valenciano Joaquín Sorolla. En la sala se reúnen 42 pinturas del del artista  que se muestran de modo permanente. La sala muestra un recorrido que pasa por las distintas etapas del pintor.  


" El Museo de Bellas Artes de Valencia posee una excepcional colección de obras de Joaquín Sorolla, tanto por su número, 42 lienzos y 11 dibujos, como por su calidad y variada temática. En ellas se puede vislumbrar su evolución artística desde sus años de pensionado en Roma hasta las obras de madurez, pero también se puede disfrutar de la diversidad de géneros pictóricos que trató nuestro insigne artista."


  Enlace de interés;  Sala Sorolla.




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